Plasticidad nerviosa



 El encéfalo es el órgano del cuerpo que es único para cada individuo. Desde el nacimiento, su encéfalo ha estado codificando la experiencia, desarrollando los patrones de emoción y pensamiento que lo hacen ser quien es. Al mismo tiempo, su encéfalo cambia de manera continua conforme adquiere nueva información y habilidades y se ajusta a condiciones cambiantes. ¿Cómo realizan las neuronas este intrincado acto de equilibrio, manteniendo la estabilidad a la vez que se adaptan al cambio? Y algo más notable, ¿cómo se recupera el encéfalo del daño (como en el ejemplo presentado al inicio del capítulo)? La respuesta estriba en la plasticidad nerviosa, la capacidad del encéfalo para cambiar en virtud de la experiencia de manera estructural y química. Plasticidad nerviosa y neurogénesis En una serie de experimentos clásicos, M. R. Rosenzweig (1984) demostró en el laboratorio la importancia de la experiencia para el desarrollo nervioso. Rosenzweig dividió a sus ratas en varios grupos. Las integrantes de un grupo fueron aisladas en jaulas vacías (un ambiente empobrecido); las integrantes de un segundo grupo fueron criadas junto con otras ratas en jaulas equipadas con una variedad de juguetes, es decir, tenían oportunidades de exploración, manipulación e interacción social (un ambiente enriquecido). El investigador encontró que las ratas criadas en los ambientes enriquecidos tenían neuronas más grandes con más conexiones sinápticas que las que fueron criadas en ambientes empobrecidos (vea la figura 2-5). En experimentos más recientes, Rosenzweig (1996) demostró que cambios similares ocurren en ratas de cualquier edad. Otros investigadores han encontrado que las ratas criadas en ambientes estimulantes se desempeñan mejor en una variedad de pruebas cognoscitivas y desarrollan más sinapsis cuando se requiere que realicen tareas complejas (Kleim, Vij, Ballard y Greenough, 1997). Esos resultados combinados sugieren que la plasticidad nerviosa es un circuito de retroalimentación: la experiencia conduce a cambios en el encéfalo, los cuales a su vez facilitan el nuevo aprendizaje, lo que a su vez da lugar a otro cambio nervioso y así sucesivamente (Nelson, 1999).

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